Pequeña, infantil, caprichosa, egoísta, pasional, iracunda, posesiva, errática, hipersensible, frívola, cruel, hipócrita, ingenua, manipulable, cizañera, extorsionadora, chantajista, pudorosa, decorosa, lujuriosa, insolente, desvergonzada, insegura, tozuda, engreída, orgullosa, egocéntrica, perezosa, catastrofista, intranquila, reflexiva, bohemia, proletaria, burguesa, abstemia, adicta, espiritual, atea, nihilista, anarquista, dadaísta, darwinista, kafkiana, vegetariana, antropófaga, extranjera, decadente, bizarra, ilegible, transparente, paranoica, romántica, lánguida, cursiva, violeta, irracional. Clarice.

viernes, 2 de abril de 2010

Diario de una insomne.

Hay quien dice que el tiempo es oro; yo daría oro por el tiempo, no he encontrado hasta la fecha un lugar más confortable donde vivir. Salto de hora en hora, como una nómada, mi vida se consume en la pantalla del ordenador, en la última esquina de un papel, en la cuerda más fina de mi guitarra, en el piloto rojo de mi cámara. El minutero me lleva de la mano hasta la más profunda soledad de la noche.

A la una oigo a mi padre que enciende la luz de la cocina. Abre la nevera, la cierra, da unas cuantas vueltas alrededor de la luz de la cocina y la vuelve a abrir. Media hora después se acerca a mi cueva. Dice ya es hora de dormir, pero no sé a quién de los dos se refiere.

A las dos quiero ver una peli, pero también quiero leer, dibujar, o convencerme a mí misma de que hoy (justo hoy) empezaré una nueva novela. Luego se me ocurre que quiero tocar el piano o la guitarra, pero que sería mejor tocarlos en el Royal Albert Hall que en el anonimato del hogar. Busco, pues, vuelos baratos a Londres y miro fechas que me coincidan. Calculo que sobre el 20 de junio estaré completamente libre, pero, ya que voy a dar un concierto, debo tener un repertorio. Elaboro una playlist imaginaria de canciones que puedo componer y pienso un género adecuado para ellas. Indie-folk está bastante manido entre jovencitas cantautoras, me tira más el Indie-Rock. Fantaseo con mi mánager; no quiero un cachas de cuerpo bronceado y pelo en pecho, me basta con un adorable burócrata que tenga una tierna neurosis, tipo Woody Allen, pero más joven. Pienso que nuestra relación será difícil debido a que él no puede despegarse de la influencia de su madre con la que ha desarrollado una dependencia mutua asquerosamente edípica. Eso le quita atractivo. Podría planear ligarme al batería, pero deduzco que mi mánager me echará si no compongo deprisa (en realidad siente celos por mi repentino interés hacia el batería, lo noto en como guiña compulsivamente el ojo cuando nos ve juntos). Sin embargo, a la hora de componer, descubro que no es muy adecuado ponerse a tocar a las 2 y pico de la mañana, así que termino no haciendo nada.

A las 3, decido ver una peli, pero me salta la restricción de los 72 minutos y literalmente me jodo.

A las 4 y media, hora en la que he comenzado a escribir esto, los barrenderos limpian las calles con esos aparatos tan ruidosos (ya sabes, esos camioncitos con cepillos redondos gigantes que hacen el ruido de una batidora). Ahora, cada vez que oigo ese ruido, lo asocio a la madrugada, a mi recurrente falta de sueño, a mi soledad. Después de eso sólo viene el silencio. Me invade una angustia solipsista. A esta hora, la gente duerme, es como si el resto se hubiera mudado de universo, y yo me hubiera quedado aquí, en tierra, en lo mundano. Pero esa obsesión se me pasa a medida que se acercan las 5 de la mañana, y oigo coches. Estos coches son distintos a los de las 12 de la noche. Los segundos tienen motor ruidoso, color chillón y música de chiringuito. Sin embargo, los autos de las 5 de la mañana son silenciosos, efímeros, ligeros como una pluma, pues no deben cargarse de mariconadas de tuning porque tienen prisa. Pronto entrarán a trabajar. Me alivian al hacerme saber que no soy la única persona despierta en esta larga noche, y es entonces cuando quiero dormir.

Cuando no duermes, puede que estés pensando en alguien que te quite el sueño, tengas algún asunto sin resolver, o un dolor crónico insoportable. Pero las peores noches en vela, son las que, como esta, no tienen ningún motivo.

2 comentarios:

  1. Ayer a las cuatro de la mañana, cuando en tu mundo todos dormían menos tú, yo estaba despierta entre mis mantas eróticamente relatando.

    A veces, una noche de insomnio improductivo es una lección: por lo menos ahora ya sabes qué es lo que quieres hacer el 20 de junio. Yo no sé ni lo que haré dentro de 20 horas.

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  2. Fantástico, ahora que lo he leído despacito. Por cierto, me ofrezco como bajista o guitarrista sin complejos (me encanta esa parte referente al manager...)
    Un beso.

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