Pequeña, infantil, caprichosa, egoísta, pasional, iracunda, posesiva, errática, hipersensible, frívola, cruel, hipócrita, ingenua, manipulable, cizañera, extorsionadora, chantajista, pudorosa, decorosa, lujuriosa, insolente, desvergonzada, insegura, tozuda, engreída, orgullosa, egocéntrica, perezosa, catastrofista, intranquila, reflexiva, bohemia, proletaria, burguesa, abstemia, adicta, espiritual, atea, nihilista, anarquista, dadaísta, darwinista, kafkiana, vegetariana, antropófaga, extranjera, decadente, bizarra, ilegible, transparente, paranoica, romántica, lánguida, cursiva, violeta, irracional. Clarice.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Mejor que nada.

GC: No recuerdo muy bien qué arrebato emocional me impulsó a escribir algo tan salido de mi temática tétrico-erótica-esperpéntica. Pero la musa es caprichosa, y viene cuando quiere y con lo que quiere, y lo que quería esta vez era un relato de amor platónico de adolescentes confusos y suprahormonados. Lo escribí de un tirón, espero que esté contenta.
xx

Encontró sitio donde aparcar al lado de un árbol robusto y con olor a muerte por otoño. Parecía que no había nada mejor que hacer que sentarse en su sombra para ver cómo, a nuestro frente, el sol agonizaba sobre la colina. Unos metros más allá, al borde del mirador, había aparcados unos cuantos coches cuyos ocupantes los hacían chirriar, sudar, y revolcarse con impúdica efusividad. No sé si fue envidia, repulsión o curiosidad lo que sentí, pero aquel espectáculo de amor automovilístico no me dejó indiferente.

Noté las cadenas de sus pantalones acercarse y me giré hacia él, mi mejor amigo, que siempre parecía recién levantado. Se sentó a mi izquierda, o mejor dicho, junto a mí. Como siempre que no se le ocurría qué decir, se rascaba insistentemente la cabeza con el dedo corazón. En algún momento que no consigo recordar nuestras manos se entrelazaron, e incluso nuestras Converse parecían haberse confundido. Una fuerza desconocida atrajo mi cabeza a su hombro (¿Por qué?) y él acercó su boca a mi pelo. No sé si lo besó, o simplemente lo presionó con los labios. No me resultó incómodo, ni extraño, tampoco excitante, sólo me reconfortó, como cuando te echas Vics VaporRub en el pecho y notas un torrente helado de satisfacción. Fue en aquel momento cuando me pregunté por qué nunca tuve la brillante idea de enamorarme de él.



Entonces dijo algo:

- Creo que nunca podré volver con Él.

Yo le miré, con el mismo rostro con el que él estaba mirando al vacío. Me vi obligada a decir algo, también a callarme. Finalmente me dejé llevar por la espontaneidad.

- Hacíais muy buena pareja -mentí. No sabía por qué de alguna cierta manera sus palabras me hacían feliz.

Se giró hacia mí y me estudió durante unos segundos. Yo le miraba asustada, como esperando a lo inminente, lo inevitable. El pegaría sus labios con los míos y aunque yo no me sintiera segura de ello, no conseguiría (ni querría) evitarlo.

No sé cuánto duró aquel mágico y extraño momento. Los coches parecían haberse callados y el sol ya se había ahogado en el horizonte. Pero nos despegamos y caí en la cuenta de que no había sido tan maravilloso como esperaba. Fue un beso indeciso, forzado, menos que sincero fue irreal. Ni siquiera habíamos abierto la boca. Y efectivamente nuestros rostros expresaban esa sensación de decepción y confusión al separarnos.

- Ojalá fueras un chico -me dijo. Sus ojos eran muy tiernos.

Yo no supe qué decir, ni como sonreír, o si echarme a llorar. Por mi mente pasó una imagen de mi con el pelo corto y atributos
masculinos. Concluí que él tampoco me gustaría si tuviese que ser algo
parecido a aquella imagen. Por nuestro propio bien, retornamos a nuestra posición inicial, donde compartíamos el calor de nuestras manos y nuestras Converse se entrecruzaban. Y nos sentimos bien, nos sentimos amantes, incluso más que todas aquellas efímeras parejas de los coches, o que los amantes de los sellos, o del dinero. Había tantas formas de amar y de ser amado, que aquella tan simple y tan blanca era mejor que nada.

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