GC: No recuerdo muy bien qué arrebato emocional me impulsó a escribir algo tan salido de mi temática tétrico-erótica-esperpéntica. Pero la musa es caprichosa, y viene cuando quiere y con lo que quiere, y lo que quería esta vez era un relato de amor platónico de adolescentes confusos y suprahormonados. Lo escribí de un tirón, espero que esté contenta.
xx
Encontró sitio donde aparcar al lado de un árbol robusto y con olor a muerte por otoño. Parecía que no había nada mejor que hacer que sentarse en su sombra para ver cómo, a nuestro frente, el sol agonizaba sobre la colina. Unos metros más allá, al borde del mirador, había aparcados unos cuantos coches cuyos ocupantes los hacían chirriar, sudar, y revolcarse con impúdica efusividad. No sé si fue envidia, repulsión o curiosidad lo que sentí, pero aquel espectáculo de amor automovilístico no me dejó indiferente.
Noté las cadenas de sus pantalones acercarse y me giré hacia él, mi mejor amigo, que siempre parecía recién levantado. Se sentó a mi izquierda, o mejor dicho, junto a mí. Como siempre que no se le ocurría qué decir, se rascaba insistentemente la cabeza con el dedo corazón. En algún momento que no consigo recordar nuestras manos se entrelazaron, e incluso nuestras Converse parecían haberse confundido. Una fuerza desconocida atrajo mi cabeza a su hombro (¿Por qué?) y él acercó su boca a mi pelo. No sé si lo besó, o simplemente lo presionó con los labios. No me resultó incómodo, ni extraño, tampoco excitante, sólo me reconfortó, como cuando te echas Vics VaporRub en el pecho y notas un torrente helado de satisfacción. Fue en aquel momento cuando me pregunté por qué nunca tuve la brillante idea de enamorarme de él.
Entonces dijo algo:
- Creo que nunca podré volver con Él.
Yo le miré, con el mismo rostro con el que él estaba mirando al vacío. Me vi obligada a decir algo, también a callarme. Finalmente me dejé llevar por la espontaneidad.
- Hacíais muy buena pareja -mentí. No sabía por qué de alguna cierta manera sus palabras me hacían feliz.
Se giró hacia mí y me estudió durante unos segundos. Yo le miraba asustada, como esperando a lo inminente, lo inevitable. El pegaría sus labios con los míos y aunque yo no me sintiera segura de ello, no conseguiría (ni querría) evitarlo.
No sé cuánto duró aquel mágico y extraño momento. Los coches parecían haberse callados y el sol ya se había ahogado en el horizonte. Pero nos despegamos y caí en la cuenta de que no había sido tan maravilloso como esperaba. Fue un beso indeciso, forzado, menos que sincero fue irreal. Ni siquiera habíamos abierto la boca. Y efectivamente nuestros rostros expresaban esa sensación de decepción y confusión al separarnos.
- Ojalá fueras un chico -me dijo. Sus ojos eran muy tiernos.
Yo no supe qué decir, ni como sonreír, o si echarme a llorar. Por mi mente pasó una imagen de mi con el pelo corto y atributos
masculinos. Concluí que él tampoco me gustaría si tuviese que ser algo
parecido a aquella imagen. Por nuestro propio bien, retornamos a nuestra posición inicial, donde compartíamos el calor de nuestras manos y nuestras Converse se entrecruzaban. Y nos sentimos bien, nos sentimos amantes, incluso más que todas aquellas efímeras parejas de los coches, o que los amantes de los sellos, o del dinero. Había tantas formas de amar y de ser amado, que aquella tan simple y tan blanca era mejor que nada.
Pequeña, infantil, caprichosa, egoísta, pasional, iracunda, posesiva, errática, hipersensible, frívola, cruel, hipócrita, ingenua, manipulable, cizañera, extorsionadora, chantajista, pudorosa, decorosa, lujuriosa, insolente, desvergonzada, insegura, tozuda, engreída, orgullosa, egocéntrica, perezosa, catastrofista, intranquila, reflexiva, bohemia, proletaria, burguesa, abstemia, adicta, espiritual, atea, nihilista, anarquista, dadaísta, darwinista, kafkiana, vegetariana, antropófaga, extranjera, decadente, bizarra, ilegible, transparente, paranoica, romántica, lánguida, cursiva, violeta, irracional. Clarice.